Desatando la grandeza

El Señor desea desatar la unción en muchas personas, no solo en una. Cuando la iglesia comenzó a crecer, vemos que ya no eran pocas personas a quienes perseguían por compartir el mensaje de Jesús, sino que eran multitudes puestas a disposición de las autoridades por provocar un movimiento diferente en las ciudades. ¡Debes ser de los que cambian el entorno para bien! Desde que tú llegues a un lugar, todo debe cambiar. Debes desatar la grandeza dentro de ti para transformar tu entorno positivamente. Debemos tener ambiciones, deseos, aspiraciones de alcanzar cosas grandes porque Dios no es escaso. El término grandeza ha sido mal interpretado, se piensa como sinónimo de fama o arrogancia, pero no lo es. La fama no es mala, Jesús era famoso. La samaritana era famosa de forma negativa, pero fue la primera misionera. Cuando leemos la Biblia, vemos que Dios desea que seamos grandes para Su honra y gloria. Él le dijo a Abraham que haría su nombre grande. Esa era la promesa, donde quiera que fuera, la gente podría conocer lo que Dios había hecho en su vida. Jesús habló de un profeta grande, Juan el Bautista. Si la grandeza fuera mala, Jesús no la mencionaría. Lo que pasa es que es diferente el enfoque.

Debemos tomar en cuenta que no solo las acciones deben ser correctas, sino que también los motivos deben serlo para que la grandeza que se logre sea correcta. Para Dios es válida la acción y la intención. Atrevámonos a creer que Él quiere nuestra grandeza, quiere desatar nuestro máximo potencial, como una oruga que se convierte en mariposa. Debes comenzar a vivir de acuerdo al potencial que el Señor ha puesto en ti. La gloria de Dios se manifestará en tu vida, pero es necesario que transformes tu pensamiento. Debes salir de la mente religiosa y atreverte a comprender cuál es el verdadero propósito del Señor para tu vida.

Pedro y Juan sanaron a un cojo que todos los días se sentaba a la puerta del templo de La Hermosa. Allí pedía limosna para sobrevivir, era alguien que demandaba cuidado y atención porque se sentía necesitado. Así llegamos a la iglesia, necesitados, buscando cuidado, y sin duda, es el lugar correcto para encontrarlo. Pero tu situación debe ir cambiando, debes tener la actitud para mejorar, no para acomodarte y ser demandante toda la vida. Dios espera que superemos nuestra necesidad, que maduremos y nos formemos, que nos preparemos para compartir lo que hemos recibido. No podemos ser como ese cojo toda la vida, porque la limosna no cambia a quien la recibe, solo satisface a quien la da. No busques limosnas en la iglesia, todos debemos convertirnos en personas que dan, no solo que reciben. Algunos llevan años esperando un milagro en vez de decir: “Ya estoy listo para ser el milagro de alguien más”. Hay gente que solo espera lo que le darán y no busca dar algo. No debes ser lisiado para siempre. El amor de Dios no está para darte limosna y dejarte donde has estado, está para afirmar tus pies, para darte tu milagro y que dejes de estirar la mano como necesitado. Esa es tu misión: recibir para dar. Declaro que Dios afirmará tus pies para que comiences a caminar con seguridad y desarrolles todo tu potencial.

Cuando el cojo recibió su milagro de sanidad, entró al templo saltando, alabando lleno de gozo[1]. Para derribar tus límites, debes estar unido al Señor y cuando haga el milagro, debes mostrar tu gozo como testimonio de lo que ha hecho en ti. Dios te sacó de tu parálisis física y espiritual, te hace caminar para que saltes y des gracias. El Dios al que sirves derribará tus limitaciones, te levantará y despertará la pasión dentro de ti para que todo el mundo te vea saltando de gozo. La gente te dirá: “Qué te pasa”. Y tú responderás: “Fui al templo, me pusieron de pie, Dios me ha hecho caminar y saltar”. El Señor cambiará tu vida, desatará tu grandeza y derribará los límites, te dará libertad para vivir lo que ha deseado para ti. La iglesia está para ponerte de pie, no para darte limosnas; el amor de Dios es para que camines, que saltes de alegría. El modelo del amor de Dios es para hacerte libre en todas las áreas de tu vida. Dale gracias porque te ha hecho caminar, saltar y compartir ese gozo. Los límites se van para que saltes de gozo. Todo lo que ha estado detenido en tu vida avanzará, el problema económico y la enfermedad desaparecerán; Dios hará el milagro y provocará que saltes de alegría. Nunca dejes de alabar al Señor, incluso en medio de tu aflicción, convencido de que tu milagro viene en camino. No te rindas, Dios te levantará, romperá ese límite que te ha detenido y saltarás de gozo.

Hoy se rompe todo límite, toda parálisis. Renunciamos a las limosnas religiosas y comenzamos a caminar en las promesas del Señor. En el nombre de Jesús, toda raíz de amargura es sana y hay gozo en ti. ¡Este pueblo comienza a vivir en libertad!


[1] Hechos 3:2-9: Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo. Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios.

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