El depósito

Pablo se consideraba a sí mismo como un deudor espiritual que debía pagar, compartir con el mundo las buenas nuevas de salvación. Es como si alguien que hubiese descubierto la cura para el cáncer sintiera la necesidad de compartir el hallazgo. El Padre celestial descubrió la cura para la humanidad, tiene la clave para la vida eterna y sentía la responsabilidad de compartirla.

 

La cantidad de personas se incrementa a cada instante. Más de cuatro personas nacen cada segundo, y por lo menos una de esas cuatro pasará la eternidad sin Jesucristo. Cada segundo, por lo menos una persona pasa al infierno por la eternidad. Nosotros debemos revertir esa terrible realidad. David Plat dice le debemos Cristo al mundo desde el mayor al menor, del más rico al más pobre, del mejor al peor. ¡Estamos en deuda con las naciones! ¿Dónde hallaremos el recurso para pagar esa deuda? Ese recurso es el poder del Espíritu Santo, representado en la Escritura como viento, fuego, agua, un ave y también como aceite.

 

En una historia del Antiguo Testamento, vemos que el aceite fue usado para cancelar la deuda de una viuda afligida, porque los acreedores pedirían a sus hijos como esclavos en pago por lo que se debía. Ella acudió al profeta Eliseo, quien le dijo que pidiera prestadas todas las vasijas y jarras que pudiera. Entonces, se dio un milagro de provisión, porque la viuda tenía un poquito de aceite que sobreabundó para llenar todas las vasijas. Con ese aceite, ella pudo pagar su deuda y sobró para alimentar a su familia. Esta historia simboliza que el Espíritu Santo es quien Dios utiliza para pagar la deuda de salvación.

 

Hoy, el Espíritu Santo está listo para llenar toda vasija. Podemos suplir el hambre de unción que satisface a todos. Si eres una vasija dispuesta, si eres un instrumento dispuesto, puedes ser lleno del precioso aceite del Espíritu Santo. A veces, pensamos que solo algunas personas pueden ser usadas por Dios, pero ahora, cuando todos estamos conectados a través de las redes sociales, es posible llegar a millones de personas y todos estamos llamados a obrar con unción. En el siglo XX, parecía que la unción estaba enfocada en algunos individuos, pero en el siglo XXI, la unción estará distribuida en millones de individuos. A veces, preguntan quién será el nuevo Billy Graham, pero no creo que habrá uno, antes era necesario, ahora no, hoy necesitamos a millones dispuestos a compartir a Jesús donde quiera que estén.

 

En el libro de Hechos vemos que el Espíritu Santo descendió sobre muchos en una multitud, el aceite se distribuyó. En la época de Moisés, cuando estaban en el tabernáculo, la unción se derramó sobre sesenta y ocho ancianos, incluso sobre los dos ancianos que faltaron ese día. Ellos eran Eldad que significa: “A quien Dios ha amado” y Medad que significa: “Amor.” Dios te ama a tal grado que desea saturarte de Su unción y llenarte con Su Espíritu para que lo compartas con el mundo. Él puede usarnos a todos, ya que usa a quien desea, no hace diferencia entre las personas. Yo vengo de un hogar disfuncional, mis padres se divorciaron, se volvieron a casar con otra pareja y luego se volvieron a divorciar. Yo quedé muy resentido, jugaba básquetbol y me expulsaron. Mi juventud fue terrible, pero a los 16 años, Jesús cambió mi vida, me transformó. Tuvo que tratar con mi corazón respecto a mi padre. El Espíritu Santo me cuestionaba: “Cómo dices amar a Dios, a quien no ves, si no amas a tu padre, a quien ves”. ¿Cómo iba a negarle el perdón a mi padre, si Dios lo había perdonado? Ambos, mi padre y mi madre llegaron a los pies del Señor. Se pidieron perdón y se casaron de nuevo; pasaron los últimos 35 años de la vida de mi padre sirviendo a Dios a tiempo completo. Mi padre se convirtió en mi mejor amigo y apoyo en el ministerio. Cuando recuerdo lo confundido y molesto que estuve durante mi adolescencia, me asombro de todo lo que ahora he logrado por la gracia de Dios; alzo mi mirada y sé que ha sido el Señor, quien me ha usado con poder. Dios siempre ha usado a las personas menos “ideales”. Ester era una huérfana, David era un flacucho, Moisés no podía ni hablar, María, la madre de Jesús, era una joven en el anonimato, pero el Espíritu Santo la visitó. Ella era la candidata menos posible para ser la madre del Salvador. La samaritana fue la escogida para ser la primera misionera, no era la ideal, pero fue la escogida. El primer predicador de la resurrección: María Magdalena, el primer predicador de Pentecostés: Pedro; todos eran personas no idóneas, poco probables. ¿El primer misionero? Saulo, asesino de cristianos, ¡lo más improbable del mundo! Somos candidatos improbables para servir al Señor, pero si le das todo a Cristo, el aceite del Espíritu Santo te llenará y bendecirás al resto del mundo.

 

William Seymore, precursor del avivamiento de la calle Azuza, uno de los más poderosos en la historia, era el instrumento de unción menos probable, hijo de ex esclavos, analfabeta, ciego de un ojo, echado de iglesias porque predicaba sobre el Espíritu Santo. ¡Dios puede usarte para traer avivamiento a tu generación! Nuevas generaciones necesitan de nuevo mover del Espíritu Santo. El mover de unción de otras generaciones no es suficiente, el mundo necesita una nueva llenura del Espíritu Santo, fresca y poderosa. Somos vasijas y podemos ser llenos del Señor. Somos candidatos totalmente improbables, sin embargo, por la gracia de Dios, podemos ser vasijas que Él llene y use para bendecir a otros. Permite que el Señor deposite Su unción en ti para compartirla con el mundo. A través de tu servicio, será pagada la deuda de salvación a las naciones.

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